El Senado de Estados Unidos ha exonerado a Donald Trump en su segundo juicio político de ‘impeachment’. Consideran así que el expresidente no es culpable de haber incitado a la insurrección y el saqueo del Capitolio, que provocó siete muertes. Aun así, fueron siete de 50 los republicanos que se unieron a los demócratas para condenar al expresidente, algo insólito. Para inhabilitarle se necesitaban dos tercios de los votos, es decir, 67 en total.

Trump ha roto su silencio para declarar, en un comunicado: «Esta ha sido una fase más de la mayor caza de brujas en la historia de nuestro país. Ningún presidente ha pasado por algo así, y sigue porque nuestros oponentes no pueden olvidar a los casi 75 millones de personas, la cifra más alta para un presidente en funciones, que votaron por nosotros hace unos pocos meses».

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Los siete republicanos que su sumaron a los demócratas son Richard Burr de Carolina del Norte, Bill Cassidy de Luisiana, Susan Collins de Maine, Lisa Murkowski de Alaska, Mitt Romney de Utah, Ben Sasse de Nebraska, Patrick Toomey de Pensilvania. Los seis últimos votaron a favor de abrir juicio a principios de semana. Al primero, Burr, parece que los alegatos de los demócratas le convencieron para pasarse al otro bando y condenar a Trump. El juicio, sin testigos, ha durado cuatro días.

El Partido Republicano quiere pasar página de la era Trump, y aunque este acabe exonerado, para los líderes conservadores en el Capitolio las pruebas y los testimonios aportados son ya suficiente condena, en especial cuando ha quedado claro que son ellos las principales víctimas de las temerarias acciones del expresidente. Tan débil ha sido la defensa de Trump en el juicio que ha tenido lugar esta semana en el Capitolio, tan armada por los pelos, que este sábado, de forma totalmente sorpresiva, los demócratas y unos pocos republicanos se unieron para alargar brevemente el proceso y, algo que no deja bien parado a Trump, incluir en el expediente del caso un testimonio escrito que demuestra que el expresidente actuó con gran pasividad aquella aciaga jornada del 6 de enero.

Aunque votó para exonerar a Trump, el líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, justificó sus acciones únicamente en cuestiones de forma: porque Trump ya no es presidente, ya no puede ser sometido al ‘impeachment’. Pero McConnell no se ha ahorrado palabras, y considera a Trump responsable de la insurrección.

«Estaba enojado. Había perdido una elección. Las acciones del expresidente Trump antes de los disturbios fueron una vergonzosa negligencia», dijo McConnell. «No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es responsable a efectos prácticos y morales de provocar los hechos de aquel día. No hay dudas al respecto. Las personas que irrumpieron en este edificio creyeron que estaban actuando según los deseos e instrucciones de su presidente».

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Los republicanos estaban profundamente insatisfechos con la defensa de Trump, que el viernes alegó que el ex vicepresidente Mike Pence nunca estuvo en peligro cuando en los vídeos se vio claramente su evacuación del Capitolio mientras a escasos metros la turba furiosa gritaba «ahorcad a Mike Pence». Con contundencia, los diputados demócratas que ejercieron la acusación revelaron que el líder republicano en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, imploró a Trump que hiciera algo, que enviara refuerzos al Capitolio, que pidiera a sus partidarios que se fueran inmediatamente, pero el presidente lo hizo tarde y mal, a regañadientes, con un par de mensajes en Twitter llenos de matices.

Los fiscales dijeron este sábado que querían llamar a testificar a diputados republicanos como Jaime Herrera Beutler, que han declarado a los medios que saben los detalles de la acalorada llamada de McCarthy a Trump y constataron la pasividad del expresidente ante un asalto mortal a la sede del poder legislativo. Así que en medio de esa profunda insatisfacción, los demócratas fueron capaces de forzar una votación sobre testigos, algo que no estaba previsto.

Finalmente ambas partes llegaron a un acuerdo ‹in extremis›: se aceptó como prueba un testimonio de la diputada Herrera, una de las pruebas más duras contra Trump, sin tener por qué alargar más el proceso. En ese testimonio, la diputada asegura que Trump justificó el saqueo al decir: «Mira, Kevin, creo que a ellos les molesta más esto de las elecciones que a ti».

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Votantes ‘trumpistas’

Cierto es que los republicanos saben que sus propios votantes son más pro-Trump que ellos mismos. Por lo tanto condenar al expresidente era un cálculo político de alto riesgo. Por ello en su mayoría prefierieron pasar página por la vía rápida y alegando errores puramente formales, de procedimiento. Ahí está el ejemplo del líder conservador en el Senado, Mitch McConnell, que ya no se habla con Trump y que votó en contra.

Los fiscales acusaban a Trump de incitar a sus seguidores a saquear el Capitolio el 6 de enero, cuando las dos cámaras del legislativo se disponían a validar la victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre.

Todas estas deliberaciones ocurren mientras el campo republicano se recompone, tras el duro golpe de haber perdido la Cámara de Representantes, la presidencia y el Senado en esa sucesión en apenas dos años. Los aspirantes a tomar el relevo de Trump ya toman posiciones, y los defensores a ultranza del expresidente son cada vez más pocos. Una de las mejor posicionadas es Nikki Haley, que fue gobernadora de Carolina del Sur y embajadora ante la ONU con el propio Trump. En los pasados años, Haley ha defendido a Trump, e incluso reveló en unas memorias que publicó en 2019 que se negó a hacerle la oposición desde dentro del partido. En una sonada entrevista concedida a ‘Politico’ Haley repudió abiertamente a Trump. «No creo que sea parte de nuestro futuro», dijo. «No puede, ha caído muy lejos de nosotros», añadió.

Mientras la Casa Blanca aprovechó el caos en el Capitolio y el creciente aislamiento de Trump. Biden pasa estos días en Camp David tras una semana en la que ha seguido avanzando su agenda sin apenas oposición, adquiriendo millones de vacunas, prometiendo dejar atrás la pandemia en unos meses y avanzando un paquete de rescate de casi dos billones de dólares, todo un récord de gasto público.

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