Seguro que alguna vez, al hacerte una pequeña herida o raspón en la piel, has acabado echándote agua oxigenada con el fin de desinfectarla. También, si te has hecho un piercing o un pendiente alguna vez, habrás oído opiniones diversas sobre si es mejor curarlo con agua oxigenada, como comúnmente se piensa, o simplemente con agua y jabón. Pero, en estos casos, el agua oxigenada no es lo más conveniente.

Es cierto que el agua oxigenada (peróxido de hidrógeno) contiene propiedades antisépticas, pero también la lejía es un potente desinfectante y no nos la echamos sobre la piel. ¿Te has fijado en las burbujitas blancas que brotan de tu lesión en el momento en que viertes el agua oxigenada sobre ella?

Estas burbujas no son un síntoma de curación de la herida abierta o en carne viva y, de hecho, van acompañadas de un fuerte escozor. Lo que sucede cuando el agua oxigenada entra en contacto con ella es que, además de acabar con las bacterias, ataca asimismo a las células de la piel, lo que en realidad termina perjudicando al proceso de sanación en lugar de ayudar. Las burbujas son el resultado del contacto del peróxido de hidrógeno con una enzima catalasa en el interior de las bacterias, lo que forma agua y oxígeno gaseoso, y esto mismo se reproduce en relación con las células de nuestro órgano más extenso.

Aun así, el agua oxigenada funciona contra un amplio abanico de microorganismos (las bacterias, la levadura, los hongos y las esporas). La que está de venta al público en farmacias, puede servir para desinfectar superficies inanimadas. Y durante la crisis de la COVID-19, por ejemplo, este producto –en una concentración de entre el 3% y el 6%– se ha empleado para desinfectar respiradores artificiales, telas y endoscopios. De hecho, está incluida en la lista de la Agencia de Protección Ambiental de antimicrobianos activos para su uso contra la pandémica enfermedad.

Así que lo mejor, si sufres una herida que no sea grave, es que la limpies con agua y jabón –recuerda lavarte las manos antes de ponerte a ello– y puedes echarle suero fisiológico para arrastrar la suciedad. Tampoco soples, dado que esta práctica es fuente gérmenes.

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