Probablemente conozca el viejo método de multiplicar por siete para conocer la edad de un perro en «años humanos». De esta manera, un perro de cuatro años sería equiparable a una persona de 28. ¿Es eso verdad? En absoluto, según han concluido investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (EE.UU.).

El equipo ha creado una nueva fórmula que compara con mayor precisión las edades de perros y humanos atendiendo a los cambios en el ADN a lo largo del tiempo. Sus resultados indican que nuestro «joven» compañero de cuatro años -¿No era un cachorro hace nada?- equivale en realidad a un maduro cincuentón.

El nuevo método, publicado en «Cell Systems», es el primero que se puede transferir de una especie a otra. Atiende a la metilación del ADN, unos cambios químicos que determinan el nivel de expresión de los genes, su capacidad para generar o no proteínas.

Proporciona un nuevo «reloj epigenético» para determinar la edad de una célula, tejido u organismo. Esos cambios epigenéticos dan pistas a los científicos sobre la edad de un individuo, algo similar a cuando vemos las arrugas en la cara de una persona.

Perro

Los investigadores analizaron muestras de sangre de 105 ejemplares de labrador retriever. Lo que surgió del estudio es un gráfico que se puede utilizar para hacer coincidir la edad de un perro con la edad humana comparable.

Dado que humanos y canes no envejecen al mismo ritmo durante su vida útil, resulta que sus edades no se pueden comparar de forma perfectamente lineal, como sugeriría la regla general de 1:7 años.

Especialmente cuando los perros son jóvenes, envejecen rápidamente en comparación con los humanos. Un perro de un año es similar a un humano de 30 años. Uno de cuatro años, a un humano de 52. Luego, a los siete años, el envejecimiento del perro se ralentiza.

«Esto tiene sentido cuando piensas que, después de todo, un perro de nueve meses puede tener cachorros, así que ya sabíamos que la proporción 1: 7 no era una medida precisa de la edad», señala Trey Ideker, profesor de la Facultad de Medicina en San Diego y el Centro de Cáncer Moores.

Contra el envejecimiento

Según Ideker, una limitación del nuevo reloj epigenético es que se desarrolló utilizando una sola raza de perro, y se sabe que algunas razas viven más que otras. Reconoce que hace falta más investigación, pero dado que este reloj es preciso para humanos y labradores, predice que se podrá aplicar a todas las razas de perros.

Más que un simple truco de salón, los investigadores creen que su método puede proporcionar una herramienta útil para los veterinarios en las intervenciones contra el envejecimiento, para conocer si los diferentes productos existentes hacen efecto a medida que el perro entra en años.

Ideker también admite que desde que hizo este estudio mira a su propio compañero canino de manera un poco diferente. «Tengo un perro de seis años; todavía corre conmigo, pero ahora me doy cuenta de que no es tan ‘joven’ como pensaba», admite.

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