En su origen, el síndrome de desgaste (burnout) se relacionaba exclusivamente con la exposición al estrés laboral persistente. Hoy por hoy, este diagnóstico describe tanto el agotamiento por exceso y tensión en el trabajo como por estrés en la vida privada o familiar, o a la falta de equilibrio entre el trabajo y la vida privada. Entre los síntomas más usuales se encuentran una marcada sensación de agotamiento y cansancio, problemas de concentración y memoria, trastornos del sueño y una baja tolerancia al estrés. También pueden darse síntomas físicos (cefaleas, por ejemplo), de depresión y ansiedad.

Con el fin de ahondar en este tipo de síndrome, científicas de la Universidad de Gotemburgo, han investigado si una terapia puede ayudar a largo plazo. El equipo dirigido por Kristina Glise examinó a 217 hombres y mujeres con síndrome de desgaste profesional que acudieron a una clínica especializada en el tratamiento del estrés. El programa terapéutico del centro sanitario ubicado en la ciudad sueca se adapta a los síntomas individuales e incluye psicoterapia, cursos de gestión del estrés y asesoramiento sobre el ejercicio físico o para combatir los problemas de sueño. Tras finalizar el tratamiento, las autoras realizaron un seguimiento de los pacientes durante siete años. Sus resultados se publican en BMC Psychology.

Malestar duradero

Según constataron las investigadoras, solo el 16 por ciento de las personas consideraron que estaban totalmente recuperadas después de siete años. El 4 por ciento afirmó que se encontraba igual o peor que antes. Aunque la gran mayoría (80 por ciento) se sintió mejor, sufría uno o más síntomas. Los más comunes eran baja tolerancia al estrés (73 por ciento), fatiga extrema (46 por ciento) y problemas de memoria (43 por ciento). La falta de atención y los problemas de sueño también predominaban.

Los síntomas del síndrome de desgaste son persistentes y pueden perdurar en algunos pacientes durante años después de la psicoterapia, concluyen las autoras. El agotamiento podría continuar porque las circunstancias estresantes en el trabajo o en la familia no cambian, apuntan. Además, la personalidad de los pacientes también podría desempeñar un papel importante (por ejemplo, el perfeccionismo elevado). Se requieren más estudios para avanzar en este terreno e identificar métodos de prevención, indican las investigadoras.

Gracias: Joachim Retzbach

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