En 1922, un estudio, publicado por la revista Science y realizado en ratas, identificó una sustancia X esencial para el proceso de reproducción. Reconocida, años más tarde, como la vitamina E, ahora, Maret G. Traber y su equipo, del Instituto Linus Pauling en Oregón, han establecido el papel que desempeña dicha vitamina durante el desarrollo del sistema nervioso fetal.

En su trabajo, presentado en Scientific Reports, los científicos usaron peces cebra (Dario rerio) como modelo experimental. Estos animales presentan numerosas similitudes con los humanos a nivel molecular, genético y celular. Asimismo, los embriones, además de ser transparentes, experimentan un rápido desarrollo, hecho que supone una ventaja para los investigadores.

Así pues, los peces adultos recibieron una alimentación pobre en vitamina E, durante un mínimo de 80 días. Tras la fertilización, los embriones recolectados presentaron alteraciones morfológicas graves, como deformaciones en el tubo neural, el cerebro y los ojos; además de anomalías en las aletas y la cola, así como un exceso de líquido en el saco vitelino, que provee de oxígeno y nutrientes al organismo en desarrollo. En suma, ello comprometió la viabilidad de los embriones, pues tan solo el 30 por ciento logró sobrevivir más allá de las 48 horas posteriores a la fertilización.

De acuerdo con el análisis del tejido nervioso, la ausencia de vitamina E resulta en la alteración de la región conocida como organizador ístmico, localizada entre el cerebro medio y el posterior. Este centro expresa una serie de genes y señales que regulan la diferenciación de las células madre neurales y, por lo tanto, la formación de los distintos tipos de neuronas y células de la glía que constituyen el sistema nervioso. Ello alteraría profundamente la estructura cerebral de los embriones y explicaría la formación de ventrículos cerebrales inusualmente alargados, entre otras deformidades, además de un retraso en el neurodesarrollo.

Para Traber y sus colaboradores, el hallazgo representa un importante avance en la identificación de los mecanismos moleculares mediante los que la vitamina E influencia el desarrollo del sistema nervioso de los vertebrados. Futuros experimentos confirmarán las implicaciones que dichos resultados tienen para la dieta de mujeres gestantes.

Gracias:Marta Pulido Salgado

[NIH/Flickr]

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