El tantrismo es una antigua práctica espiritual que se enfoca en el ritual sexual para lograr estados trascendentes. Existe en variantes hinduistas y budistas, lo que significa que está presente en países tan diversos como Bután, China, Corea, India, Tíbet o Japón. En ella, el semen se considera un fluido sagrado que debe ser retenido y reabsorbido por el cuerpo, de ahí surge el término ‘coitus reservatus’.

Se le conoce también como control de la eyaculación, una práctica milenaria que puede parecer extraña en la cultura occidental, obsesionada con el orgasmo: el hombre retiene la mencionada eyaculación durante el coito, ya sea mediante entrenamiento o fuerza de voluntad. El clímax es el momento en el que el cerebro masculino se baña, literalmente, en neurotransmisores de recompensa y el cuerpo se llena de placer. Además, ha evolucionado durante millones de años para garantizar que nuestra especie continuara. Suena por lo tanto un poco extraño ir en contra de la propia naturaleza para renunciar a una satisfacción tan explosiva.

‘Post coitum omne animal triste es’

Sin embargo, la razón por la que los principios del ritual sexual (el libro ‘Clásico de Su Nu‘, manual de matrimonio taoísta, lo recoge) aconsejan controlar la eyaculación para evitar ese inevitable episodio de depresión postcoital, al fin y al cabo la cultura romana ya acuñó la famosa frase ‘post coitum omne animal triste est’, o, «después del coito, todo animal está triste».

«Cuando el semen se expulsa», explica el libro, «todo el cuerpo se siente cansado. Nueve actos sin emisión y uno disfrutará de una longevidad ilimitada. Diez actos, y uno alcanza el reino de los inmortales». El libro también insiste en que se deben tener relaciones sexuales con frecuencia y con la mayor cantidad de parejas posible. El Emperador Amarillo, protagonista de la historia, consiguió un harén de 1.200 mujeres y logró la inmortalidad, según informa Sam Dresser en ‘Aeon’.

Nueve actos sin eyacular y se disfrutará de una longevidad ilimitada. Diez actos y se alcanzará el reino de los inmortales

El tantra aconseja calmar la menta, armonizar las emociones y concentrar el espíritu antes del coito. La penetración debe ser profunda y uno tiene que moverse lentamente. Aunque no lo creas, el ‘coitus reservatus’ se encuentra bien documentado en la historia de los Estados Unidos a mediados del siglo XIX, aproximadamente, con la fundación de la comunidad de Oneida, una sociedad comunal de carácter religioso, fundada por John Humphrey Noyes.

Se trata de una de las utopías más llamativas del siglo XIX, pese a sus pocos miembros (no llegaron a superar nunca los 400), la vida en la comunidad se regulaba por el principio de «compartir todo, incluida la familia y las relaciones«. Practicaron el coitus reservatus como una forma de controlar la natalidad, solo que Noyes lo llamaba «continencia masculina». Eso permitió a los miembros del grupo practicar el amor libre.

En la década de los 60, con la difusión de métodos anticonceptivos, el ‘coitus reservatus’ pareció destinado a desaparecer. Teóricamente, en el sexo tántrico las parejas tienen más tiempo para contemplarse y mirarse a los ojos. Varios estudios han demostrado que esto aumenta la empatía y la autoconciencia y además mejora la memoria. El factor abrazo, por otro lado, libera oxitocina, que a su vez aumenta la confianza, el bienestar, la tranquilidad y el amor.

¿Por qué, entonces, la comunidad tántrica no está a favor del orgasmo que al fin y al cabo provoca una explosión de dopamina en el cerebro? Ellos lo comparan con aquel que ingiere cocaína o es adicto al juego, que siente lo mismo cuando sucumbe a esa adicción. La eyaculación se ve como un hábito negativo, con emociones fáciles que conducen a secuencias depresivas y a la búsqueda de nuevas emociones en un ciclo interminable. Por eso, quedarse en la meseta que hay antes del orgasmo se considera más saludable.

El orgasmo no es el Santo Grial

Además, algunos estudios aseguran que el orgasmo no es el Santo Grial que nos han vendido desde siempre. La Encuesta Nacional de Salud y Comportamiento Sexual de EEUU descubrió en 2009 que el 36% de las mujeres y el 10% de los hombres no llegaron al clímax en su última relación sexual. «Según nuestros datos, no hubo una relación fuerte entre tener orgasmos y una vida sexual satisfactoria», concluía el estudio, lo cual también se puede achacar a esa enorme presión a la que la gente se ve sometida para llegar al éxtasis, y que a veces puede resultar en frustración.

El manual taoísta también insiste en que se deben tener relaciones sexuales con frecuencia y con la mayor cantidad de parejas posible

En este sentido, el alejamiento deliberado del orgasmo abierto por el sexo tántrico podría tener un mérito real. Aunque las antiguas afirmaciones de que retener el semen prolonga la longevidad son difíciles de tomar en serio. De hecho, algunos estudios aseguran que los orgasmos parecen extender la vida y la salud, y quien los experimenta (hombre o mujer) duerme mejor y puede reducir su peso.

Sea como fuere, si quieres probar esta filosofía que surgió en Oriente hace ya más de 4.000 años (en nuestro país hace una década despuntó y tuvo bastante éxito), ya sea para salir de la rutina y de la monotonía o porque quieres abrirte a nuevas experiencias, recuerda que es una práctica que no presta atención solo a los genitales sino a todo el cuerpo en su conjunto.

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