Cuando King Kong llegó a las salas de cine en 1933 fue todo un acontecimiento, pero lo que mucha gente no sabe es que el origen o el germen que inspiró a Hollywood para que se realizase la película fue la caza real de otros “monstruos” seis años antes del estreno.

Lo contaba hace unos días Slate. Al parecer, una expedición de 1926 a las Indias Orientales financiada por el Museo Americano de Historia Natural plantó las semillas de King Kong. La misión, dirigida por el fideicomisario del museo William Douglas Burden, partió con el objetivo de grabar imágenes de lagartos gigantes (apodados dragones de Komodo) y traer especímenes de regreso a Estados Unidos por primera vez.

Para ello, Burden zarpó con un equipo de aventureros que incluía un cazador, un herpetólogo, un camarógrafo y la esposa de Burden. La idea no era del todo nueva, ya que otros exploradores ya habían confirmado la existencia en las Indias Orientales de lagartos gigantes. Sin embargo, nadie había traído al otro lado del mundo alguno de estos animales con vida.

Como resultado de aquella expedición se consiguieron las primeras imágenes junto a “dragones” reales, la mayoría cazados y fusilados, aunque consiguieron capturar dos dragones de Komodo vivos que terminaron en el Zoológico del Bronx.

En el siguiente clip vemos a Burden y su esposa observando escondidos mientras las criaturas muerden un cebo. Es en ese momento cuando los aventureros, primero capturan la escena, y finalmente disparan: 

Cuando la expedición regresó a Nueva York el público quedó cautivado con las criaturas y las escenas capturadas. Miles de personas acudieron al zoológico para ver a los animales en vivo, y de entre ellos, la figura del cineasta y amigo de Burden, Merian Cooper.

El guionista escuchó de primera mano las aventuras de su amigo en el extranjero, y de aquella fascinante historia se inspiró para la trama de una película que iba a tener muchas similitudes con la historia real, la de un equipo de exploradores que captura un monstruo gigante de una isla remota y lo convierte en una atracción turística en la ciudad de Nueva York.

Así fue como finalmente se estrenó King Kong en 1933. De hecho, a Cooper le gustó tanto la fuerza del nombre de las criaturas que tomó la “K” de Komodo para su gorila gigante.

Años después, la biografía de Cooper escrita por Mark Cotta explicaba que gran parte de la película, incluida la mujer de la expedición y el viaje forzado de Kong a Nueva York, estuvo influenciada claramente por la historia de Burden.

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