Frente al reto global de frenar la pandemia de COVID-19, cada vez estamos más convencidos de que será necesario cambiar algunos de nuestros hábitos personales, sobre todo en lo referente a la forma en la que socializamos con la gente que nos rodea.

No es tan sencillo. Lo primero, existe un equilibrio muy difícil entre actuar con responsabilidad y seguir las recomendaciones de las autoridades sanitarias y sucumbir al caos y al pánico en modo “¡Sálvese quien pueda!”. Las actuaciones que se nos piden a la ciudadanía son por el bien colectivo, para frenar la curva de la epidemia y evitar el colapso sanitario, pero otras actitudes ayudan bien poco. Por ejemplo, con los supermercados arrasados y la situación de histeria colectiva, muchos repartidores de plataformas de ventas on line se quejan de la enorme carga de trabajo que tienen estos días. Ellos también deben seguir las recomendaciones, cuidar a sus hijos sin colegio o de sí mismos en caso de tener síntomas. Piensa, antes de hacer pedidos compulsivamente, en cuántas de esas cosas son necesidades de primera mano y cuáles no.

También hay que evitar hacer caso de los bulos y de los mensajes difundidos por WhatsApp y las redes sociales. Es mejor recurrir a fuentes confiables y pensar que, sí, quizás los criterios de autocontención van variando, pero es que el coronavirus SARS-CoV-2 es nuevo y desconocido hasta ahora, por lo que, a medida que sabemos más y que aprendemos del ejemplo de otros países, podremos afinar mejor en las medidas preventivas.

¿Cómo nos podemos preparar psicológicamente para cambiar nuestros hábitos sin sucumbir al pánico?

Un artículo de opinión publicado en The BMJOpinion por varios investigadores en áreas de la psicología, sanidad pública y respuesta a emergencias sanitarias ofrece cinco “principios de cambio de actitud” para ayudarnos a ello.

Crea tu propio modelo mental

Conocer bien el proceso de transmisión del virus y las formas en las que esta ruta de contagio se pueden bloquear nos da una base sólida que justifica ese sacrificio extra que debemos realizar.

Crea normas sociales

Somos animales sociales, y por tanto nos importa y motiva lo que los demás piensen de nosotros. Por ejemplo, un experimento demostró que, cuanta más gente había en el lavabo de las áreas de servicio de las autopistas, más personas se lavaban las manos. Por ello, las campañas difundidas en los medios y también la presión que hagamos sobre nuestros familiares y conocidos son muy importantes para ayudar a generalizar las nuevas normas y facilitarnos la tarea de adoptarlas.

Crea el tipo y nivel correcto de emociones

Al final, son las emociones las que nos mueven a actuar, pero también son un arma de doble filo que nos puede hacer caer en la ansiedad y el pánico. Un poquito de alarma está bien porque nos ayuda a ponernos en marcha, pero hay que combinar los anuncios que adviertan de la gravedad de la crisis con las recomendaciones que todos podemos seguir para protegernos, a nosotros y a nuestros conciudadanos.

Reemplaza un comportamiento con otro

Es muy difícil dejar de tocarnos la nariz, la boca y el área alrededor de los ojos, pero diversos estudios demuestran que, de media, nos tocamos las caras más de veinte veces a la hora, en gestos en gran medida automáticos y difíciles de detener. Lo que los autores sugieren es que, en lugar de prohibirnos tocarnos la cara, intentemos por ejemplo mantener siempre las manos por debajo de los hombros. Esta acción entra en conflicto con la de tocarse la cara y puede ser más efectiva.

Facilita tus nuevos comportamientos

Cuanto más fácil es de adoptar una nueva medida, más probable es que más personas la adopten simultáneamente. Por ejemplo, para estar seguro de llevar siempre pañuelos desechables en los bolsillos, intenta incorporar esta comprobación cuando miras si llevas las llaves de casa en el bolsillo.

Y, recuerda, que cuantas más personas tomen medidas y cuanto más contundentes sean, más fácil será detener la explosión de casos de afectados por el nuevo coronavirus. ¡Suerte!

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