Lo primero que debes saber es que no hace falta haber cruzado una serie de estudios previos de astrofísica o de campismo extremo para ejecutar estas técnicas; todo lo que necesitarás para empezar a aprenderlas es un reloj analógico (y algo de paciencia para observar tu entorno).

El primer método de orientación del que te hablaremos es posible gracias a la ayuda que el sol nos presta. Durante la Edad Media, debido a la concepción antropocéntrica del universo que la Iglesia Católica y Romana se encargó de difundir, el grueso de la humanidad suponía que la Tierra ocupaba un lugar privilegiado en todo el medio del universo, y que el astro solar giraba en torno a nosotros.

Gracias a un modelo matemático de Copérnico en el siglo XVI, el astrónomo pudo cambiar los paradigmas físicos conocidos hasta el momento. Copérnico presentó pruebas que le darían mayor peso a la hipótesis de que nuestro planeta gira alrededor del sol y no lo opuesto, como se pensaba.

Con lo anterior en mente, ya tenemos el contexto dispuesto para entender mejor cómo funciona esta primera técnica de orientación sin brújula. Cuando te encuentres en el hemisferio Norte de mundo apunta con el horario (se trata de la manecilla más pequeña que indica la hora) hacia el sol. La mitad de la distancia entre la hora y las 12 marcará la dirección del Sur.

En cambio, cuando estés en el hemisferio ‘sur’ todo lo que tienes que hacer es apuntar con las doce hacia la posición del sol, la mitad exacta entre este número y la hora indicará hacia dónde se encuentra el ‘norte’. Con este útil truco podrás evitar perderte en el futuro, cada vez que decidas emprender una expedición.

En el mito de las Argonáuticas y en Las aventuras de Robison Crusoe, los protagonistas consiguen orientarse a través de la posición de las estrellas.

Ciertamente, con el tiempo se ha demostrado que la creencia antigua de que la noche le ofrecía a los hombres un mapa celeste tiene en efecto un basamento científico: es posible guiarse, desde cualquier punto del planeta, con la posición de las estrellas del firmamento.

La estrella Polaris, uno de los puntos más brillantes del cielo nocturno es, a este fin, una de las herramientas más útiles que puede haber.

Ubicar a esta estrella luminosa es relativamente fácil. Lo primero que tienes que hacer es determinar la posición de dos constelaciones: el Carro y la Osa Menor.

Conformada por siete estrellas, puede que a la vista la Osa Menor parezca una constelación relativamente pequeña, no obstante, la estrella en la punta de su cola es Polaris.

El Carro tiene forma de un cuadrado con una línea recta que sobresale de una de sus esquinas (a esta constelación también se le conoce con el nombre de la Cazuela o Sartén, debido a que la perpendicular que sobresale es tomada por el mango de este utensilio de cocina).

La estrella opuesta a la que da inicio a las riendas del Carro o al mango de la Sartén ayuda a asegurar la posición de Polaris. Solo hay que trazar una línea imaginaria entre esta esquina y el punto más brillante de la Osa Menor.

Si ves a Polaris de frente, el ‘norte’ estará en el sentido de tu rostro, el ‘sur’ a tu espalda, el ‘oeste’ a tu izquierda y el ‘este’ a tu derecha.

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